Play Restart Club Fedrigoni

22.10.2019

Play Restart nos invita a dar una charla en Club Fedrigoni Madrid

Ante la oportunidad que nos brindaba Wences Sanz, organizador del evento, para hablar de diseño y de todo aquello que ocupa y preocupa acerca de la profesión, decidimos enfocar la charlasobre los debates que surgen día tras día en el estudio, que no son pocos. Entre esos debates cotidianos hay un tema recurrente que tiene que ver con el diseño que consumimos a diario y que todos pagamos: el diseño y las administraciones públicas. «En el fondo nada diferente a cualquier otro proyecto, pero cuando se trata de dinero público todo cambia. Lo que es normal casi en cualquier ámbito, en el sector público se transforma en burocrático, en legal, en dinero de todos, en trascendente y con repercusión increible», decían Víctor Palau y Ana Gea en su editorial de la revista Gràffica que ya sacó un monográfico sobre este tema.

Y en esa trascendencia nos enzarzamos cada día. Que si una campaña mal encargada, que si criterio de aleatorio en la contratación pública, que si falta de entender la capacidad real del diseño para solucionar problemas cotidianos. Que si pataleta por aquí, pataleta por allá. Y esa gresca es la que nos llevamos a Club Fedrigoni para reflexionar acerca de tres problemas que detectamos a diario y que necesitábamos compartir con el gremio en una charla que titulamos «La total ausencia yel completo exceso de comunicación gráfica y su nula planificación en el ámbito de lo público», ahí queda eso.

Total ausencia de diseño

El primer problema que consideramos fue la total ausencia de diseño en aquellos entornos de decisión. En definitiva, esa percepción del diseño como la gotita Poxipol de la comunicación pública. Se emprende un proyecto público, secomunica y cuando todo está en manos del ciudadano —y con un poco de suerte— se llama a un diseñador para que lo arregle.

Un buen ejemplo son los identificadores medioambientales en vehículos que a través de un adhesivo mal estructurado, gráficamente y verbalmente, generan confusión y no cumplen con el objetivo de comunicación para el que han sido proyectados. Esto nos llevaba a realizar, a modo de tentativa algo pretenciosa, el ejercicio de rediseñar estos distintivos solucionando algunos de los problemas de percepción visual que detectábamos, generando una jerarquía gráfica, una estructura verbal coherente y un sistema cromático entendible.

Dentro de este mismo bloque de «La Total Ausencia», veíamos otro caso flagrante, más grave que el anterior si cabe, acerca del uso tipográfico en la señalización de todas las carreteras y autovías de nuestro país. La chapuza nacional viene dada por una mala decisión que pretendía imitar el uso tipográfico brillante y paradigmático que supuso el sistema de señalización de Gran Bretaña a cargo de Jock Kinneir y Calvert Margaret a principios de los 60. La decisión española fue la de engordar la tipografía, intuimos que bajo la premisa de que a mayor grosor más visibilidad. El resultado se traduce en tipos de mucho peso y escaso contraste que dan como resultado una mala legibilidad para una tipografía cuya funcionalidad lo es todo, y supone la tipografía más leída al cabo del día por todos aquellos que salen a una carretera. Como para tomarlo a la ligera.

El completo exceso de diseño

Después de lo visto podríamos pensar que hay muy poco diseño y que todo requiere ser repensado pero vemos que también pecamos, como sociedad, de un diseño público que cambia cuando no debe, cuando está cumpliendo su función a la perfección. O de un diseño público que desborda los límites razonables que puede soportar una institución en cuanto a “diseño”. Encargos que no responden a una estrategia, o planificación predefinida, en el ámbito de la comunicación gráfica en la administración pública.

El ejemplo que poníamos sobre la mesa es representativo: un país necesita marcas, una comunidad autónoma necesita marcas, una provincia necesita marcas, una ciudad necesita marcas, un barrio necesita marcas pero… ¿de cuántas marcas estamos hablando?

Esta cuestión se evidencia claramente en las webs de nuestros organismos públicos, donde el sistema de marcas tiende a una enfermedad que se ha extendido por instituciones como una gripe en plena entrada del frío invierno, una enfermedad que tiene nombre:«logotipitis». Sus síntomas: la falta de perspectiva a la hora de planificar la comunicación, la falta de estrategia y la falta de dirección y, por tanto, de personas capaces de organizar de manera estructurada el sistema de marcas de una corporación. El resultado ya lo conocemos, mala aplicación de identidades corporativas, multiplicidad de marcas que no llegan a representar nada porque no se hace un esfuerzo en su materialización y falta de marcas sólidas que respalden los servicios de una organización.

Para evidenciar esta enfermedad nos lanzamos la pregunta: ¿cuántos logos tiene la home de la web de mi Ayuntamiento?

Después de curiosear en varias ciudades y provincias (incluso algunas de que se preparan para ser Capital Mundial del Diseño) encontramos que la «logotipitis» está más extendida de lo que pensábamos en un principio. Home de Comunidad Autónoma de la Región de Murcia: 11 logotipos distintos, Ayuntamiento de Murcia: 17, Ayuntamiento de Valencia: 21, Junta de Extremadura: 27. ¡Pandemia! jajajaja. Bueno es un dato un poco chorra, lo sabemos, pero viene a representar una forma de comunicar que nadie se cuestiona.

Y aprovechando la coyuntura, y ya que nos ponemos a analizar, los entornos digitales son la asignatura pendiente de nuestras instituciones, no cabe duda. No hay excusas. Y para explicarlo dejamos un dato aparentemente inofensivo: ¿cuánto ha gastado tu ayuntamiento en su sitio web? y ¿cuánto en flores? Seguro que supera tus expectativas.

Falta de un Proyecto a Largo Plazo

Por último, el tercer problema que vemos es la «Falta de un Proyecto a Largo Plazo». En lo que se refiere a diseño público, llegar y cambiarlo todo puede ser una buena opción —dado lo visto— o no.

Los buenos trabajos quedan enterrados bajo la lava del rediseño más a menudo de lo que deberían y lo que podría ser una actualización se convierte en una máquina de demolición. Esto lo vemos a diario con el constante devenir político. Con la llegada del nuevo administrador de turno surge la oportunidad de dejar el sello propio en la gestión, y cómo no podía ser de otra manera, también en la comunicación. La comunicación gráfica, que en ocasiones debe estar destinada a perdurar —otras no— se apropia y se cambia. El gobernante se olvida que una marca, por ejemplo, se realiza para representar a un organismo público que es de todos, y no del que lo gestiona. Que la institución ya estaba ahí antes de su llegada y que cuando marche seguirá presente como los funcionarios que trabajan en ella. ¿Era necesario cambiar de forma íntegra las señas de identidad de aquel Ayuntamiento? ¿Aquella marca ciudad requería un replanteamiento? ¿El diseño de aquellos vehículos de policía precisaba un nuevo sistema gráfico cuando el existente los hacía reconocibles? ¿Cuántas señalizaciones urbanas se superponen en una ciudad?

Un ejemplo claro de cómo el diseño puede acabar degenerando cambio tras cambio, es el de la identidad del Cuerpo Nacional de Policía. La identidad fue diseñada por Jose María Cruz Novillo en 1986 como un sistema gráfico sólido y coherente. Con el paso de los años, y revisión tras revisión, aunque el escudo original se mantiene, tanto la tipografía como su composición han ido degenerando hasta el momento actual, en el que el Cuerpo Nacional de Policía y Terminator comparten tipografía (de Dafont, para ser más concretos). Saquen sus propias conclusiones.

Salimos del Club Fedrigoni con la cabeza bien servida de vino, cerveza y algunas ideas interesantes. ¿Por qué muchas administraciones son un multimarca cuando podrían ser más eficientes como marca monolítica o respaldada? El diseño entra tarde en los proyectos públicos ¿será porque la nuestra es una profesión todavía desconocida para los gestores públicos?. Nadie se escandaliza con facturas de flores de 6 cifras pero tampoco lo hace por un sitio web desastroso donde se realizan trámites administrativos. La DGT es el cliente que siempre hemos querido tener y no lo sabíamos  ¿Alguien tiene un contacto para pasarnos? Y por encima de todo, la idea con la que abríamos y la conclusión más profunda de todas, que esto no sirvió para nada, y que nos perdone la gente que asistió al evento. Y no sirvió porque cuando quedamos unos cuantos diseñadores para hacer estas reflexiones no somos capaces de llevar la crítica a los ámbitos donde se decide, donde los criterios de diseño se deben tener en cuenta para solucionar problemas de la gente, no tanto como una mera herramienta estética con la que cambiarnos de traje según haga frío o calor. No sirvió para arreglar nada, pero nos hizo más conscientes del problema, al menos y por algún sitio habrá que empezar.

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